Algo que hacer

Robles Miras, Salvador

-Ya no hay nada que hacer –dijo el oncólogo, con la barbilla hincada en el pecho, abatido por la nueva derrota de la Medicina.
-¿Por qué? –preguntó la mujer.
-Porque su marido no tiene curación.
-He de asearlo, he de alimentarlo, he de confortarlo, hoy y, tal vez, mañana, y pasado, y el otro, y el otro… ¿Cómo que no hay nada que hacer?
El médico alzó la cabeza y miró a la mujer con unos ojos iluminados por la ternura.
-Gracias, señora.
-Gracias, ¿por qué?
-Por enseñarme que, mientras quede un hálito de vida, siempre hay algo que hacer.

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