Noche de quebrantos

García, Liliana

Sara escuchaba el croar de las ranas en esa noche de verano. En aras de su salud, pretendía sanar la ansiedad que la devoraba, asomada a la ventana de la sala, donde dejaba volar su imaginación con las alas de la esperanza. Pensaba en Adán, desde que se había ido sin dar explicaciones ya nada era igual para ella, ni el sol que bañaba los juncos en el borde del río por donde solían pasear, ni oír “La vie en rose” mientras bailaban a la luz de la luna. Nada

-¡Ay, Adán! No me puedes someter a esta tortura. Retemos al destino –se lamentaba en voz alta. Sólo le respondía el silencio  mientras las palabras nadaban en la sal de sus lágrimas.

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