Cementerio

Musso, Liliana

El cementerio era nuestro escondite, no les temíamos a los difuntos. Sin embargo algo maligno crecía en el huerto de la muerte, se apoderó de nosotros y nos volvió bestias.
Salíamos de cacería nocturna, primero fueron pequeños animales, luego las mascotas del pueblo. Nuestras armas: arcos, flechas, y palos semejando a garrotes. Nos divertía quitarles la vida y en lo mucho que sufrirían sus dueños.
Nada es gratis, y cuando llega la cuenta hay que pagar. Nuestra mísera existencia canceló la deuda.
Semilla nueva para el cementerio, sin cruces que nos honraran.