Cosas macabras

Parrilla, Ernesto

El corazón de Enzo quedó sin luz. La oscuridad trepó a sus ideas y tomó posesión de la consciencia. ¿Era la locura la nueva luz que lo guiaría nuevamente hasta Laura? ¿Había esperanza en la desesperanza? Recogió las flores marchitas que su amada le había arrojado en el rostro y las acomodó en un florero. Tomó su abrigo y salió a la calle, pensando solo en una cosa: no importaba cuánto le doliera, no importaba dónde la encontrara, solo le haría saber que un corazón oscuro hace cosas macabras. Sonreía ante ese pensamiento, mientras acariciaba con cierta compasión la cuchilla bajo la ropa.