El precio de la carne se fue a las nubes

Cabrera, Rubén Faustino

El asesino serial que la prensa había bautizado como “El carnicero de los sábados” estaba logrando un estado de desesperación cercano a la locura en la policía y en todos los habitantes de la ciudad. Cada sábado de los últimos tres meses había cometido un asesinato y quitado a sus víctimas un órgano o un trozo de su cuerpo. Nadie tenía una mínima idea de su identidad, ni una pista insignificante siquiera. Sin embargo, ella conocía muy bien a su amante, solícito esposo. Cada sábado él le decía “¿Qué te gustaría comer esta noche?” y luego partía. Mientras tanto, ella preparaba la ensalada y encendía el carbón en la parrilla.