La danza

Cossa, Sergio

Así fue cómo el pensamiento asaltó mi mente:
Comenzó con una danza muy lenta que hipnotizaba a los bailarines mediante compases cadenciosos y sensuales. Luego, como si los músicos se realimentaran con sus notas, el ritmo se aceleró.
La danza dejó de mostrarse como un suave acompañamiento, puesto que la música llevaba a las parejas a desplazarse hasta los confines de la pista.
Cuando el ritmo nuevamente elevó su velocidad, un frenesí embriagó a los participantes. El baile ya no era capaz de ser coordinado y se deshacía en saltos, corridas, abrazos y giros arriesgados.
Solo cuando los músicos decidieron relajar sus dedos y pulmones agotados y finalizar con una suave melodía, la danza regresó al tranquilo y armonioso vaivén inicial.
Los participantes, aún hechizados por semejante música, volvieron a sus asientos con la saciedad que dejan los momentos sublimes.
Y allí quedaron, atentos, expectantes para correr de nuevo a la pista ante el primer acorde que llegara a sus oídos.
De este modo danzan mis ratones cuando pienso en ella.

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