Las acompañantes

Hinrichsen, Ana

Comenzó el día como cualquier otro. Frente a la concesionaria, el blindex reflejó mi apurada figura alejada un poco de los otros transeúntes y a ellas. La inexpresiva mujer joven que, pegada a mí, miraba hacia adelante sobre mi hombro izquierdo y la ceñuda niña que, unos pasos más atrás, no me quitaba la mirada de la nuca.
Crucé la calle Santa Fe y seguían conmigo. Las vi a mi lado en todas las vidrieras hasta el subte. Ya era, por lo menos, inquietante. Los siguientes días, transpirada, llegaba a mi refugio: la oficina. Sólo allí estaba segura.
Ahora estoy con licencia médica. Ya no salgo y he quitado los espejos, por las dudas. ¿Dónde iré si las encuentro en el pasillo o en el baño de mi casa?

Comentarios cerrados.