El regreso

Beláustegui, Diana

No esperó a que la lágrima saltara por la pestaña, antes se zambulló en las sombras.
Logró escuchar el suspiro, palpó su esencia por entre las tinieblas, lo agarró de las piernas y lo trajo de vuelta.
-Mío- le gritó a la cara cuando se sintió perseguida y divisó la guadaña.
La voz tronó y su rugido la trizó por completo, ¡nadie le quitaría lo que su vida y anhelo habían fraguado en carne!
Se dio media vuelta y regresó apretándolo en el pecho.
El neonatólogo suspiró rendido: la ciencia se le hacía agua en las manos y el corazoncito se negaba a latir. Giro adolorido para anunciar la noticia cuando el llanto iluminó el habitáculo.
La parturienta sonrió cansada, el camino de regreso la había dejado exhausta.

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