Mamá

Nasello, Patricia

Me recibías amorosa, yo llegaba agria, brusca. Meses que pensé terribles aun cuando de ellos ignoraba su costado más filoso, eran los últimos para nuestra amistad entrañable.
Iba a tu casa en busca de aquella niñez tan felizmente protegida: tu ternura leyendo los Cuentos del Enanito Nito, antes de ir a dar clases, para que no me quedara llorando.
Iba a tu casa para no quedarme en la mía, llorando.
Desde el primer momento supiste lo que a mí me llevó años comprender, mi entorno estaba enloquecido no por falta de amor sino de orden.
Una tarde serena y bella como vos, tu corazón se detuvo.
Concluía el verano.
Siempre estoy yendo a tu encuentro.