“Madre hay una sola”, tres capítulos

Cabrera, Rubén Faustino

Mi hermana estaba a punto de cortar la torta; mamá presidía la mesa y yerno, nuera y nietos esperaban su porción festejando el Día de la Madre. Levanté mi copa y propuse un brindis: “Madre hay una sola”, dije. Una lágrima corrió por la mejilla de mamá y todos los demás sonrieron. “Por suerte”, agregué. Mamá enarcó las cejas y los demás enmudecieron. “Por suerte… ¡la tenemos nosotros!”, completé. Todos respiraron aliviados y mamá dijo: “Este loco… ¡siempre el mismo!”.