Madre hay una sola (hasta el final)

Hinrichsen, Ana

En el silencio de la madrugada dialogan solitariamente. “Mamá”, se queja, “nada de lo que aprendí me sirvió para la vida”, mientras piensa la pregunta que no se anima a realizar en voz alta: “¿Por qué no me enseñaste cosas normales?”
Ella, responde persuasiva: “Hijo, lo que pasa es que el mundo no tiene capacidad para comprenderte… además, cambia irreductible y velozmente, por eso, lo aprendido no sirve de mucho”. “Y eso”, se dice a sí misma, “ya no es mi culpa”.
Los interrumpe el enfermero con la medicación.