Pasado

Uva, Elvira

Después de tantos años, él insiste en seducirme; me envió su foto a través de Internet: un adulto vestido de niño, con juguetes de niño y cara de bobalicón. ¿Cómo explicarle que ya no me atraen ni los juegos ni los cuentos infantiles que nos entretuvieron aquella tarde en que su familia se refugió en nuestra cabaña? ¿Cómo hacerle entender que, aunque esa noche compartimos silla, sopa y cama, al amanecer y siendo tan chica, sentí que lo nuestro sería imposible?
Si él no fuera tan bestia le confesaría que sigo enamorada del que ahora me alcanza la caperuza y me invita a dar un paseo por el bosque, como cuando éramos novios.