Liberen al topo

Ramos Ramella, Daniel

Popeye resbalaba sin darse cuenta desde el tejado de una casona vieja y sucia, donde había quedado atrapado un topo regordete y rollizo, asustado y pálido, éste al no darse cuenta de las melodías encrespadas que emitían la guitarra acústica del oso gigante del calabozo, sonaban, aturdían, y retumbaban hipnotizando a los amigos del bosque que se escabullían sobre el bosque de libros polvorientos de la ciudad, desde lejos y bajo un tejado un gato de origen chino les pasaba la voz indicando que el oso empezaba a quedarse dormido.
Se había llegado a una desesperación social de diferentes personajes, algunos extraterrestres habían tomado la ciudad subiéndose a los buses y exclamando libertad para el señor Topo.