Casi, casi, un beso de película

Cabrera, Rubén Faustino

Se podría decir que con algunos fotogramas más hubiese sido un beso de película. No lo impidió el Código Hays norteamericano. No cercenó el celuloide el sacerdote del pueblo siciliano de Giancaldo, del film Cinema Paradiso, de Giuseppe Tornatore. Tampoco fue la tijera de Néstor Paulino Tato, el censor de la última dictadura militar (la última, sí). Fue el carraspeo de la madre de mi novia -me resisto a decir “mi futura suegra”- mientras anunciaba “¡La cena está lista!”, casi con delectación. Después colgó el cartelito “The end” en el sillón del living, estropeando la escena cumbre de la película y dando por finalizada la función.