Descalzos

Garrido, Laura

Cuando Corie le abrazó por el cuello, en un último intento por alargar sus noches, no conocía de lo estirado y almidonado del abrigo de aquel hombre tan guapo. Ella, alegre y espontánea, creía que vivir en un ático, en un cuarto piso sin ascensor, donde se filtrara la nieve a través de una claraboya, era perfecto para su amor. Él, Paul Bratter, tan serio y cansino, tan abogado y cerebral, nunca creyó que por un beso apasionado en un carruaje tirado por caballos, ¡comiera nichis en pleno invierno y se descalzara en un parque!, desinhibido por unos cuantos tragos de alcohol.