La brisa olía a muerte

Sorbo, Hugo

En la nuca sintió un beso húmedo, nada enamorado. Encogió su cuello, pero la sensación no terminó ¿Quién estaba detrás de su ella y osaba tocarla? No se giró, el miedo la paralizaba. La noche latía amenazante, ni la Luna se asomaba ante el diabólico engendro. La brisa olía a muerte y flotaba perezosa en el aire.
No podía quedarse ni un minuto más en aquel lugar, debía huir. Se agachó convenientemente y enfrentó al aparecido (¿Por qué le habría parecido masculino?)
Una media larga de nylon barato se agitaba lentamente en la soga de colgar, movió su mano furiosa y la separó de su cabeza.
Mientras partía rauda hacia la escalera, su mente musitó indignada: –No subo más a la terraza de noche.