El honor de este baile

Brown, Esteban

Ella está distraída en la escena, y no deja de pensar si podrá verlo hoy, creo que esa era la única razón que encontró para venir a esta hora.
Al verla, él se le acercó directo, cambió de mano y dejó su vaso de whisky irlandés sin terminar, apoyándolo al paso sobre una mesa al azar, mientras se hace paso entre la gente, no detiene su marcha, acomoda su moño del esmoquin negro, enderezándolo y ajustándolo a la par, sigilosamente llega hasta su envés, y a poco menos de medio metro de su oído se inclina para hablarle, mientras se desliza hacia el frente por su izquierda, apoya su mano sobre su hombro y entra en su cuadro visual, allí, sonrisa mediante, comienza su proposición y la ayuda de algún ademán de lord, de tanto en tanto engalana a su propuesta.
– Una canción nos llama, ¿puedes sentir la música en el aire?
Ya casi frente a ella, aposta de rodilla al piso, y continúa:
– ¿Que no hay música, para bailar? – actúa sorprendido – , pues, que bailes ahora depende de ti.
– Yo siento la música presente y aquí estoy invitándote, ¿me harías el honor?
– Por cierto, ¿te han dicho que estás muy linda esta noche?
– Puedes tomar mi mano para levantarte, apóyate en mí y no serenes a tus pies, solo déjalos que sigan su paso, y así verás que les permitirás brillar otra vez.
La sonrisa de la abuela solo muestra la punta del iceberg, ante la proposición de su nieto menor. –Valió la pena venir hoy – pensaba sin dejar de sonreír ni de sujetar con fuerza el brazo de su nieto, con quién dejará que sus pies vuelvan a brillar, una vez más.