Heridas que no cierran

Martínez, Diego Albin

“Viejo, si no te pasó nada. No fuiste chupado por los milicos, no te torturaron, ni siquiera raparon tu pelo adolescente. Tampoco se robaron tus hijos, ni te censuraron. ¿A qué viene tanto remordimiento?”
“Estas lágrimas, hijo, son por todos los que se jugaron y padecieron aquella barbarie; mientras yo fui ciego, sordo y mudo, sin darme cuenta”.