Puertas

Vidal, Valentina

A la vuelta de tu casa hay una puerta, que mi abuelo pulió y barnizó con dedicación cuando mi viejo era muy chico. Después él se hizo hombre y siguió viviendo en el mismo lugar, con la misma puerta, que luego él me abriría cuando yo todavía no alcanzaba el picaporte. La misma que más adelante yo trataría de abrir sigilosamente, cuando llegaba de madrugada.
Esa puerta supo sostener tu espalda y la mía, cuando me acompañabas hasta casa y alargábamos la despedida. La misma que un día cerraste con enojo y volviste a abrir arrepentido. Una puerta que albergó siestas sublimes, noches de sueños, de comidas en familia, de sobrinos corriendo por el patio, de proyectos y ganas de hacer de este un mundo mejor. Una puerta que también nos protegía con el invisible velo de la privacidad y el derecho a decidir a quién se le abría para formar parte de la intimidad del hogar.
Esas mismas puertas que un día los que no quisieron ver nuestras ilusiones hechas realidad, derribaron, quebraron, rompieron, violando y matando nuestros esfuerzos y sacrificios, creyendo que así lograrían cerrarlas para siempre, dejando incertidumbres, vacío y espanto.
Pero detrás de cada una de esas puertas silenciadas, en somnolienta vigilia sin olvido, quedaron guardados todos aquellos sueños: Las semillas que esperaron con la paciencia que dan los años y la perseverancia del recuerdo que nunca claudica, en nuestros padres, hermanos, hijos, amigos y en vos, que supiste abrirlas a fuerza de lucha y sacrificio, para que cada una se riegue y florezca en otras miles, logrando encontrar un atisbo de sentido a tanto dolor.
Abrir de par en par todas esas puertas, es renacer en cada uno de nuestros sueños de justicia, paz e igualdad; es procurar construir un país, con la memoria y la verdad en cada renuevo de esta maravillosa tierra.