Madre

Ricciardi, Bibiana

En la intimidad a veces bromeaban, decían que era como la virgen María. No por virgen sino por madre de todos. Ella de religión nada de nada. Igual la comparación le venía bien, una manera de matizar. De disimular tanta intensidad. O sería el pañuelo. La otra también tiene la cabeza cubierta.
A la otra también le mataron un hijo. Claro que la otra tuvo sólo ese, el que le mataron. Ella en cambio dos y medio. El que se llevaron, la que ahora tiene que echar, y el que sintió como a un hijo, y la traicionó.
Madre de todos. Capaz que debería haber tenido sólo uno.