Nunca más

Ricciardi, Bibiana

Querida hija de mi alma (no pude engendrarte con el cuerpo pero si con mi alma), me dicen que no aceptás mis cartas. Tu rechazo duele más que este encierro injusto. Me aterroriza pensar que el esfuerzo haya sido en vano. Todavía recuerdo tus ojos abiertos como platos tras la balacera. Eras tan chiquita, no podías comprender que había sido necesario matar a esos que se decían tus padres, para salvarte de ellos. ¿Qué hubiera sido de tu vida si no hubiéramos intervenido? Yo sé la calidad de educación cristiana que te hemos impartido, y eso no se borra tan fácil. Aunque nos odies estamos en vos. Mucho más presentes que los genes de los subversivos que te engendraron.