Herencia

Nasello, Patricia

Sucedió que todas las personas salieron al mismo tiempo de sus casas. Salieron armadas. Sólo dos niños no tomaron parte en la guerra que siguió. Carecían de arma y de casa.
Ahora son los únicos sobrevivientes. No extrañan a nadie porque la presencia ajena jamás sirvió de ayuda. Mantienen una actitud tranquila para evitar que el miedo los domine. Por el hambre no se preocupan, el hambre no es novedad.
Pronto van a lastimarse las manos hurgando entre los escombros, van a luchar con las ratas por un mendrugo de pan. Pero eso será luego, por el momento se comportan según sus costumbres: el mayor habla mientras la más pequeña presta atención.
—Esta tierra es nuestra —dice.
—Nuestra, nuestra… —afirma el eco.