Por siempre

Resala, Graciela

Ese día el Negro estaba tan aturdido que deambulaba por todos lados buscando algo sin saber qué; repentinamente se topó con la puerta. Dudó y prefirió mirar por la cerradura.

Vio como Tato se acomodaba la peluca mientras ensayaba su “ vermut con papas fritas y good show!”; al lado, de la mesa del rosarino, se escapaba la Eulogia para escuchar al Flaco cantando  ‘muchacha ojos de papel” y más atrás un coro ensayaba entusiasmado una canción que le resultaba familiar. No dudó más y entró. Hugo, el anfitrión de ese día, lo estrujó contra su cuerpo mientras el coro entonaba, una vez más, el estribillo “Te veo bien, estás siempre buscando. Te veo bien, vivito, vivito y coleando”.