Siembra vientos

Cossa, Sergio

Ingresó a la oficina de jubilaciones con un carpetón repleto bajo el brazo y aguardó su turno. Cuando la funcionaria gruñó su número, se acercó a la ventanilla y comenzó la explicación del motivo del trámite. Le dijo que era la quinta vez que iba, y que esperaba que ella se mostrase más competente y considerada que el hombre que lo había atendido antes. Ese de dientes amarillos y mal aliento. El empleado mal educado y prepotente, que ostentaba el cuello sucio de su camisa y el cabello grasiento. El que cada vez lo obligaba a esperar horas, mientras bromeaba con sus compañeros. El que siempre le pedía un nuevo papel que debía traer al día siguiente. Ese que encontraron muerto a martillazos anoche en un callejón.

Refrán:
“Quien siembra vientos, recoge tempestades”.