Pan duro

Lamique, Mario Cesar

-Una desgracia con suerte- exclamó Wilmar-, había caído en lo que parecía ser una arboleda, pero casi esponjosa, se sintió envuelto y arropado.
La sensación de estar cayendo parecía continuar.
Fueron a investigar este extraño planeta y hasta ahora no encontraron nada irregular, salvo por la explosión que los despidió a cada uno en diferentes direcciones, y él justo cayó en el lugar más suave y esponjoso que había conocido.
– ¡Una desgracia con suerte!-, gritó mientras movía sus manos como si estuviera festejando un gol.
“Una suerte con desgracia”, pensó mientras miraba a Wilmar, comer humanos por la mañana siempre le caía mal, pero en su planeta había un dicho, “para el hambre no hay humanos”, es mejor sufrir porque te cayó algo mal que por hambre, se dijo, afirmó, se autoconvenció.
De la superficie esponjosa comenzaron a salir lentamente garras filosas de diversos tamaños, Wilmar no gritó, simplemente imaginó que seguía cayendo.
“Una suerte con desgracia”, volvió a decir, mientras esbozaba una leve sonrisa, como lo hace cada vez que está a punto de saciar su apetito.