Función

Sánchez, Claudia

Aceptó hacer de muñeco porque pagaban bien las dos horas de trabajo. Era una función de teatro para niños. Poca exigencia, además. Pero esa tarde al subir al escenario, había algo en el ambiente que lo inquietaba, aunque no sabía bien qué. Todo parecía en orden, hasta que vio a los niños mirando absortos el techo de la tarima. Allí estaba un hada de vestido y alas blancas. Pensó que los niños, inocentes, se asombraban al creer que el hada realmente podía volar. Pero cuando quiso decir sus líneas no pudo abrir la boca ni moverse. Estaba convirtiéndose en madera. El hada le susurró: “Tengo que asegurarme de que los niños sigan creyendo en mí y ellos necesitan ver para creer: hoy realmente serás tu personaje”.