Al que no tiene dientes

Dolengiewich, Leonardo

En los inicios de los tiempos, el reparto alimenticio se hacía de manera justa, teniendo en cuenta las necesidades de cada uno. Y el mundo era aburridísimo. Pero un día, el Panadero se cansó de tanta perfección y decidió divertirse. Entonces, fue con su canasta y tocó la única puerta a la que nunca se había acercado.