Al otro lado del silencio

Nasello, Patricia

Soy la cuerda rota de la que tiraron los asesinos, sin embargo eso no me detiene, hijo. Con el rostro vuelto hacia las tierras cálidas del norte tomo aire, una inspiración profunda hasta sentir que la vida se me ha impregnado de sol, y giro. —El movimiento es cuidadosamente descuidado, como hecho al azar: no confío en el cese de hostilidades del enemigo—. La dirección ahora es el sur, esas Malvinas heladas que hiciste tuyas con tu sangre. Y ahora, qué importa si tengo la entrada a las islas prohibida, vigilada o regulada, lentamente, desde esta Córdoba donde cada baldosa se llama rebeldía, soplo el sol que aspiré sobre esa cruz que te recuerda.

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