Microficción: 20 certezas provisorias

Epherra, Edgardo Ariel

1- Cuando un microcuento está vivo el lector no respira.

2- El cuento brevísimo restituye a la existencia su estirpe paradojal y transforma sinónimos en antónimos: es la consagración de la síntesis y la abolición del resumen.

3- Buscar el oro de la creatividad en el barro de internet supone una riesgosa exploración. Dicen que Google es el borrador de un minicuento de Dios: si caes en la tentación del plagio te condenarás a la mediocridad eterna.

4- El ahorro de palabras es la base de la fortuna del lector, si el autor invirtió bien los silencios. Aquí cada texto es música: vive de las pausas.

5- Corrige largamente tu microcuento, en lo posible antes de escribirlo. Verás que el final precede a la primera frase, y a veces ésta es aquél.

6- Angustia del microficcionista: quiere meter la eternidad en un frasquito, pero no le cierra.

7- La poda indiscriminada no garantiza microficciones, y hasta pervierte el significado de otros textos. Ejemplo: ‘EL PERFECTO MICROCUENTISTA’ con un par de hachazos se convierte en ‘EL ERECTO MIRON’, que no es lo mismo casi nunca.

8- Comenzarás a dominar el oficio cuando termines un microcuento, compruebes que lo has dicho todo y entiendas que eso es un fracaso.

9- La dimensión de un cuento brevísimo se calcula por sus entrelíneas.

10- Dependes de cada lector para completar el sentido de tu texto, y de la historia del mundo para imitar pulsiones. Sin embargo nunca estarás tan solo ni tendrás menos espacio para escribir.

11- Cierto día alumbras un texto y sientes que la vida de tu obra y la obra de tu vida se llevan bien; a una semana de distancia te espera el desengaño. Sé agradecido.

12- Según el poeta Vicente Huidobro, si un adjetivo no salva a un sustantivo, lo mata. En microficción debe secuestrarlo para obtener un jugoso rescate.

13- Habitamos una vecindad poblada de aforismos, sentencias, chistes, moralejas, microensayos, haikus, alegorías, refranes populares, proverbios cultos, versos de ocasión y un amplio mestizaje de todos ellos. Cada microcuentista elige de qué vecino se distancia, con cuál comparte alimentos y a quién mete en su intimidad con el fin de ensanchar el barrio.

14- Para cautivar al lector alcanza con tres líneas, para aburrirlo bastan dos y para confundirlo sobra con una. Toma estas posibilidades como categorías y clasifica a todos los microcuentos, desde la mariposa de Chuang Tzu pasando por el dinosaurio de Monterroso, hasta el animal que te sueñes mañana.

15- Hay que leer profundo y contar de soslayo la historia del prójimo para que se reescriba en los otros. La existencia, como toda ficción breve, es intertextual.

16- No explique, muestre; no muestre, sugiera; no sugiera, oculte; no oculte, siembre. Y sobre todo: evite conductas negativas.

17- Si has conseguido lucirte con un microcuento es que te quedó fuera de cuadro. Adentro deben estar la trama, el protagonista, el narrador; afuera el resto, y más lejos tú.

18- Todo texto resiste su destino de originalidad. Cada vez que termines de escribir una microficción ella te aguardará oculta en el principio de la siguiente, para que la repitas.

19- Todavía no fue dicha la última palabra para definir al género, ni están escritas las del final de cada obra, que emite el lector. La elocuencia del microcuento se mide por las palabras que no tiene.

20- Sin vueltas: La imaginación y la memoria del mundo se pronuncian en un destello que atraviesa a un hombre que lo sintetiza en una ocurrencia que narra en tres renglones que pronuncian en un destello la imaginación y la memoria del mundo.

Divide estas opiniones en dos decálogos. En uno deposita las que halagan tu intuición, confirman tus hábitos y estimulan tus impulsos. En el otro deposita tu confianza.

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