Lujuria

Jorge Ariel Madrazo

El periodista Jaime Pock engañó a su esposa. Pero lo pagó caro, oh, sí.
Un día, su teléfono privado en el diario albergó el triste fin de ese amor prohibido:
-Pock: -Querría rozarte una manita.
-Ella: “No, no me empujes al desliz con tu verba salvaje… Eres más perverso que la
Serpiente bíblica.”
– Pock: Hoy formé tu nombre con la sopa de letras.
– Ella: “¡Ten piedad, mi Bestia! ¿Hasta dónde me arrastrará tu elocuencia abrasadora?
Ya mismo abandono esta charla de burdel. Adiós, Jaimy. Nunca te olvidaré.”
Y así, la labia procaz de Pock le arrebató a la única mujer que pudo hacerlo feliz.