Papá

Patricia Nasello

Mediodía, viernes, el cielo brilla límpido tras el cristal de las ventanas y el alboroto de la ciudad, que palpita un fin de semana cálido y soleado en pleno invierno, parece trepar el edificio.
—¿Qué novedades hay? —la voz de María del Carmen en el teléfono.
—Ayer le conectaron un respirador. Ahora estoy esperando el horario del informe, tengo que aguantar hasta las seis. Necesito verlo bien, joven: estoy mirando fotos viejas —respondo entre sollozos.
Inmediatamente cortamos el aparato vuelve a sonar.
—Soy la doctora Farías, terapia intensiva de la clínica…
El verso de Don Ata “sentí que un gran silencio crecía dentro de mí”, comienza a deslizarse por mi sangre, helado y trémulo, como un copo de nieve.

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