Siempre hace falta un segundo aparato

Rubén Faustino Cabrera

El teléfono llama y él atiende.
-Hola. ¿Quién habla?
-¿Cómo quién habla? ¡El dueño de casa habla! ¿Y usted quién es?
-Un ladrón, señor. Estoy desvalijando su casa.
-Pero… pero… ¿cómo que está desvalijando mi casa?
-Sí, señor, tal como lo escucha. ¡Y hágame el favor de cortar de una buena vez que también me quiero robar el teléfono!