De lo sublime a lo ridículo hay un paso

Jorge Carmi

-Imagina que estás en la privacidad de tu recámara de cortinas discretas y cómplices y que yo te susurro “Amada dulce amor…”
-Me embelesa tu poético hablar.
-Arma ahora la imagen en que yo, en sensualidad desatada me inclino y con mi bigote rizado rozo tu adorable triángulo virginal; estampo un beso caliente que será el inicio de la cadena fragorosa de delicias sucesivas que nos conducirán a estadios de sensualidad inéditos.
– Repugnante, asqueroso, sucio depravado”

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