Sin título

Gabriela Vázquez

Hay canciones capaces de rescatar del fondo de sí mismo aún a aquel que duda del beneficio de estar vivo.
Esto comprueba la veracidad de mi teoría:
Sol ya no hablaba ni comía. No hacía más que “llorar-dormir-llorar” sobre su telegrama de despido: almohada y pañuelo alternativamente.
Como cualquier intento de animarla a levantarse hubiera fracasado, me limité a encender la radio.
De pronto, todo se volvió abrazo, tierra, justicia y cielo en la voz de “la Negra”.
Sol recordó cuánto amaba el sonido, los silencios (los elegidos, no los desterrados) o esa manera de llenar de nostalgia la garganta… y volvió a tener sed de ser quien era.
“Quiero un trabajo mejor” -le confesó al espejo – y salió, dando gracias a la vida.