Gracias a la vida

Osvaldo Palacios

Estaba desnudo, solo cubierto con una sábana, listo en la camilla de operaciones para ser intervenido quirúrgicamente, pero no pudo ser, mi presión arterial marcaba 216, y a pesar de los esfuerzos de los médicos, no logré disminuirla; resultado: volver a mi cuarto y comenzar un nuevo tratamiento. Mirando la ventana, agradecí a Dios, ya que podría haber pasado de una vida a otra sin enterarme, y de pronto, un sinfin de pensamientos ayudaron a que me tranquilizara. Busqué mi agenda y acompañado por los ruidos típicos de hospital, comencé a escribir: “La vida no es justa, pero aún así es buena”, “demasiado corta para perder el tiempo odiando a alguien”, “tú trabajo no te cuidará cuando estés enfermo, sí tus amigos y familia, escúchalos”, “no compares la vida de los otros, vive la tuya”, “llora con alguien, alivia más que llorar solo”, “haz las pases con tu pasado para que no arruine tu presente”, “elimina lo que no te sea útil, hermoso y alegre”, “perdónale todo a todos”, lo que otros piensen de ti, no te incumbe, y sino piensa, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, “el tiempo sana todo, dale una oportunidad”; “por más mala que sea una situación, ya cambiará”, “no cuestiones la vida, aprovéchala hoy, mañana es futuro”, “llegar a viejo es mejor alternativa que morir joven”, “todo lo que verdaderamente importa es que hayas AMADO”. Cerré mi agenda, también mis ojos, esperando regresar a mi casa, y con una leve sonrisa me dije a mi mismo: “Gracias Diosito, gracias a mi madre que me dio la vida, ya que juntos hoy me han dado una nueva oportunidad para que con su amparo pueda llegar a ser viejo pero con alma de joven”.