Violeta y Mercedes

Alice Ferreyra

Llegan desde el confín de la vida. Sus voces se entrecruzan, se estrechan y se expanden entonando una misma melodía. Una de ellas dice: “Puse mi corazón dentro de la caja de una guitarra y salí a cantar los sentires de mi gente por todos los caminos”.
Al son del retumbar de un bombo la otra responde: “A una de esas canciones la sentí mía, la hice mía y salí con ella a cruzar montañas, valles y fronteras. Cuando el terror me empujó lejos de mi tierra yo me enjuagaba las lágrimas cantando GRACIAS A LA VIDA y vos, Violeta, cantabas conmigo”.