Desafortunado

Ana Silvia Mazía

Él se sabía desafortunado.
Por eso, no le importaba equivocarse al hablar, estornudar en medio de una declaración de amor, eructar… No le importaba porque ya sabía: por mucho que se cuidase, en la esquina siempre habría dos viejas del barrio que dirían:
—Este muchacho tiene una actitud de lo más desafortunada…
¡Y los muchachos del bar, también dirían cosas así!
Hete aquí que llegó el año 2013, de temible terminación, y la fortuna de este muchacho empezó a cambiar. Todos lo consideraban una protección contra la yeta.
Y, desde que empezó el año, fue un tipo afortunado.
Feliz, bah.

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