2013

Octavio Belardinelli

Llegué a la esquina y el ómnibus pasaba de largo. Veinte minutos más, pensé. Encendí un cigarrillo, para hacer que el siguiente viniera más pronto. Pero me falló. Cuando vino, estaba repleto. Subí como pude, con mi tarjeta en la mano. No tenés crédito, abuelo, me dijo el conductor. Lo miré, me miró. Está bien, dijo, pasá. Una chica me dió el asiento. ¿Tan viejo estoy?, pensé. La gorda de al lado me empujaba hacia el pasillo. Sentía en el pelo la respiración de los que iban parados. No alcancé al timbre y me pasé varias cuadras. Traté de caminar rápido, pero me dolía un tobillo. Llegué al negocio. El dueño estaba enojado y miraba el reloj. Este año te jubilás sin falta, me dijo. Pensé: menos mal que el año tiene doce meses.