La aventura que no fue

Jorge Carmi

Era un lisiado veinticuatro horas al día. Estaba atado a la rutina como el burro que gira en torno al pozo. Cada paso calcado del otro, cada vuelta calcada de la otra. Así eran mis días, opacos y sin posibilidad de cambio. Hasta que mi desesperación me iluminó. Escribiría cuentos. Me senté ante la página en blanco. Siguió blanca y yo retorcido en agobio y frustración. Volví a mi vida plana, árida; la frustración que llevo sobre mis hombros es como la piedra que amenaza a Tántalo, un día pondrá fin a mi rutina, sumergiéndome en la Nada, una rutina infinita.