Los buenos y los malos

Carlos Tomas

El cielo plomizo cubría la escena. Dos poderosos ejércitos habrían de enfrentarse. La batalla sería decisiva. Ambos se disputarían el dominio de un extraño planeta: ODNUM.
En lo alto de la montaña, un inmenso castillo blanco. Allí, el ejército de los santos, los puros. En fin, los buenos. Por supuesto, hermosos. De rubias cabelleras, altos, de blancas y perfectas dentaduras, ojos verdes o azules, vestidos con túnicas de seda blanca, sus espadas de plata relucían a pesar del color plomizo del cielo. Sí, hermosos.
En el llano, los impíos, los ateos. En fin, los malos. Por supuesto, increíblemente feos. Vestidos con ropas raídas de cuero sucio, jalonados con tachas de metal. En sus rostros negros lacerados sólo se percibía el odio, la sed de muerte.
Se desató la batalla. Los alaridos de los malos estremecían. El silencio de los buenos se parecía al silencio de la muerte. La batalla fue sangrienta, cruel. Verdaderamente, de vida o muerte.
Por supuesto, ganaron los buenos.
Habían matado muchos más hombres que los malos.