El llamado del instinto

Sergio Gaut vel Hartman

Gregor Samsa entró al mejor burdel de Praga.
—Sáquese el sombrero, no sea grosero —dijo la madama.
—¿Habrá una chica que quiera hacer el amor conmigo? —dijo el monstruoso insecto.
—Son tres mil coronas —dijo la madama tendiendo la mano.
Gregor pagó sin chistar, pero cuando vio que le había tocado una mantís religiosa puso el grito en el cielo.
—¿Se está burlando de mí?
—Señor —dijo la madama—: esto es un burdel respetable, no la facultad de entomología de la Universidad de Praga. Si usted va a ser tan despreciativo con mis pupilas…