El quemado

Omar Julio Zarate

Si encendía un cigarrillo se quemaba la nariz, el pelo o los dedos. Fue bombero sólo un día ya que se accidentó (grado 2). Como cocinero no duró, una olla de aceite hirviendo saltó a su cuerpo. Su casa se incendió. Nunca más en mi vida tendré mala suerte, dijo y se lanzó desde un décimo piso (prefirió eso a un arma, para no seguir quemándose).
Ahora en el infierno arde a fuego lento, ad infinitum.