Habitación 13

Horacio Beascochea

Debió intuir que algo andaba mal cuando el conserje deshilachado le dio la llave de la habitación trece y el velador se apagó de improviso, mientras su gato —muerto hace varios años— le lavaba la mano y los truenos hacían temblar las paredes, en ese hotel con mobiliario del siglo XIX en el que decidió pasar la noche.