Haiku

Horacio de Azevedo

Mi madre abrió la puerta de calle y entró. Hacía tanto que no la veía, tanto, que me costó reconocerla. Tenía sombrero puesto, y guantes, y pollera un poco más allá de las rodillas, y estaba ahí. Abrió la puerta y entró. Yo estaba en alguna parte de la casa, ahora no recuerdo bien, pero estaba. Y entró. Yo de golpe, dándome cuenta, miré hacia un lugar del piso, y también me miré. Mi madre la vio y dijo “esa agua sucia está de más”, y entonces salió. Y yo no he vuelto a verla; y ahora la casa está limpia, esperándola, esperándome.

De Sinfonía inconclusa. Editorial Lumiere.