Sin título

Claudio Bellouh Ardoy

Al salir de la cama se torció un tobillo. En la ducha se resbaló y golpeó la rodilla. Al abrir su negocio (una librería), se cayó la cortina, rompiéndose un vidrio. Por la mañana no se presentó ningún cliente. Al mediodía, entró un chiquillo que curioseó un rato y de repente salió corriendo con un Cortázar. Se puso a pensar en la mala suerte que lo acompañaba. La yeta es un misterio. Es un fenómeno inexplicable; todo es ilógico, vaguedad y absurdo. Pero cuando te asocian a ella, es muy incómodo. Terminando el día, sin haber vendido un solo libro, entró un joven, lo encañonó con un arma y le exigió el dinero, como no lo había, tiro varios volúmenes al suelo y arrojó un fósforo sobre ellos. No encendió. Pensó: “soy un tipo de suerte”.