Sin título

Jaime Lopera

La última vez que supe de mi primo Abelardo Estrada los noticieros habían anunciado que todos los pasajeros de un avión accidentado en las cercanías de Cali, donde él llegaba, eran sobrevivientes. Al llegar a su casa, Abelardo la encontró solitaria. Unas horas después apareció toda su familia, ella del trabajo, los chicos de la escuela, y difícilmente lo saludaron antes de ocuparse de sus oficios, la cocina, las tareas, la TV. Sentado en la sala, Abelardo se dio cuenta de que así había sido siempre, un ignorado, un desplazado en su propio hogar. Entonces regresó al aeropuerto y, ante una multitud de periodistas, se inventó una variada historia con pormenores desconocidos sobre los minutos antes del siniestro. Al volver a casa, su familia y muchos vecinos permanecían asombrados mientras lo observaban en la pantalla. En ese momento Abelardo sintió que había recuperado su integridad.