El cachorro

Daniel Ibaña

La última vez que vi a ese animal, me miraba con sus ojos suplicantes, temerosos, desesperados. ¡Era un cachorro, y no dudé en hacer lo que hice! Por el contrario; el placer recorría mis venas mientras ejecutaba mi obra y me salpicaba por completo.
Si lo hubiesen oído aullar… Era el grito de la desesperanza. Luego, los alaridos cesaron hasta que el silencio y el eco de mi risa adornaron el recinto. Las paredes del baño chorreaban; la bañadera, hecha un desastre. Al finalizar, lo envolví en una manta y lo lleve camino abajo. Golpeé la puerta. Salió mi tía, contenta por verme, y se lo entregué a modo de regalo por su cumpleaños: un cachorrito recién bañado.