La última vez que

Ana Silvia Mazía

La última vez que escribí un cuento breve quedé con ganas de desperezarlo, de saber qué había pasado antes. Y qué pasaría después.
La curiosidad me mataba, y decidí seguirlo.
Me disfracé con una peluca rubia, tacos aguja, impermeable, beige, y eché a andar detrás del Breve. Me costó porque caminaba rápido.
Pero el esfuerzo valió la pena. Andaba por calles transitadas, mirando vidrieras, y yo atrás, jadeando. De pronto, giró hacia la izquierda y no lo perdí porque estaba atenta. Alcancé a ver el cordón del zapato derecho y supe que debía atraparlo: era mi deber acicalarlo un poco. A fin de cuentas, era la autora y tenía cierta responsabilidad. No podía dejarlo andar con los cordones desatados.