El diablo árabe

Ernesto Parrilla

El ebrio, localizó al árabe por azar. La boca le ardía.
– ¡Licor!- le ladró.
El árabe, cabreado, lo abordó.
Alocado, lo alzó contra un árbol, un cerezo. ¡Era el diablo!
Azorado, el ebrio lloró.
Cobarde – declaró el árabe, que luego lo liberó.
El ebrio oraba, caído, sin cólera. Su cabeza ya no deliraba.
El árabe montó su caballo criollo.
¡Rezad cazador!le dijo y rió. Celebró la broma. Y sin rabia, se marchó.