Ella y el loco de Oz

Jennifer Schwartz

Abrió el libro, miró el cielo y entendió que no fue obra del azar, sino algo más elaborado; el zodiaco. Ella Ardió de dolor rabia, pero abrazó sus recuerdos y emprendió la marcha. Sólo pensaba en rozar labio con boca, brazo con brazo. En el camino la sorprendió la delicia del olor al rocío. Al llegar al zócalo, escuchó al abad decir que él estaba en el bar. Había cola. Espero y se cruzó con un zar árabe, con su loba, su cabra una cobra y su cebra.  Finalmente lo vio, no era un mago, era su loco de Oz.